sábado, 7 de noviembre de 2009

07.11.09

Si te digo que ahora me siento como la peor persona del mundo, no sé si lo creerías.
No tengo idea de por qué lo he hecho, simplemente no pude dejar de hablar, y ahora lo estoy pagando con creces. No puedo dejar de pensar en todo lo que acabo de hacer, y no dejo de sentirme como una jodida mierda al darme cuenta de que te he decepcionado.
La confianza que depositaste en mi era lo que me ayudaba a aguantar día tras día, lo que hacía que estuviera contenta cuando lo que de verdad deseaba era tirarme por un barranco... Esa confianza era lo único que de verdad era solo mío, lo único que realmente compartíamos solo nosotros dos, y lo he jodido todo.
Perdóname. Sé que ahora mismo esto no significa nada, sé que seguramente nunca volverás a confiar en mí de la misma manera de la que lo hacías antes, pero es todo lo que puedo decir, pues lo que de verdad siento no te lo puedo explicar con palabras.
Ahora solo me queda intentar que vuelvas a verme como antes, como una cría tonta que está loca por ti.
Ya solo puedo aprovechar al máximo el poco tiempo que queda hasta que te vayas, intentar que todo vuelva a ser como antes y apoyarte más que nunca, para que al menos veas que, a pesar de que soy una estúpida, sigo de tu lado tanto o más que el primer día.
Intento encontrar las palabras adecuadas para decirte todo lo que a pasado a la cara, y aunque no sé si seré capaz de hacerlo sin llorar ni una vez, sé que, cuando encuentre las fuerzas necesarias hablaré contigo, y me dolerá, y los reproches que me soltarás serán poco comparado con lo que me merezco, pero al menos mi conciencia estará tranquila, y podré dejarte ir, sin pensar que tengo algo dentro me atormenta y nunca te he contado.

domingo, 11 de octubre de 2009

12.11.09

Aún no podía entender por qué significaba tanto para ella si ni siquiera me conocía. No tenía ni idea de por qué se preocupaba tanto por mí, y por qué ofrecía tanto sin pedir nada a cambio.
Nunca le pregunté por qué, pues el simple hecho de ver que en su cara nacía una sonrisa nada más dirigirme a ella, ver como sus ojos brillaban de alegría cuando me acercaba a saludarla, me cegaba de tal manera que se me borraba de la mente cualquier pregunta. Ella era feliz, y para mí eso era más que suficiente.

Me costó comprenderlo mucho tiempo, muchos meses detrás de nosotros; la veía casi cada día, después de cada concierto, y a fuerza de aquello nos hicimos amigos, hablábamos mucho, pero de cosas mundanas, por lo que un día que no tenía nada que hacer me lancé a preguntarle si le apetecía salir, pasar el día juntos, por ahí, para conocernos mejor, después de todo, nos veíamos constantemente.
Así que quedamos en Leicester Square, a las puertas del cine Odeón por la mañana temprano.
Fuimos a Covent Garden, pues me dijo que estaba enamorada de ese mercado, y mientras recorríamos todas y cada una de las tiendas que allí hay, me obligó a contarle cosas de mi vida. Como es mi día a día, conociendo gente a todas horas, con personas que intentan meterse en tus asuntos cada hora, y que inventan lo que sientes y piensas.
Pero a pesar de eso, tu vida mola, ¿no? Te dedicas a lo que más amas en el mundo, y la satisfacción de ver feliz a la gente con lo que hacer es muy reconfortante.
Tras aquello lo único que pude hacer fue sonreír. Tenía razón, aunque hubiera mañanas en las que me levantara con ganas de mandarlo todo a tomar por saco, el ver que gente como ella disfrutaba tanto con tan poco, me hacía ver las cosas distintas.

Y mientras comíamos no me quitaba los ojos de encima, estaba asombrada con cada cosa que la contaba: anécdotas de gira, chistes, vídeos cachondos, fiestas interminables, borracheras infinitas,.. de echo, creo que lo único que se oía en todo el restaurante era su escandalosa risa, que a pesar de lo incómodo que pidiera resultar para los demás, para mí era una manera de evadirme de todo lo que había a mi alrededor.
Tras la comida, las compras y mientras andábamos hacia Regent Street, me di cuenta de que el único que había hablado en todo el día había sido yo, y pensé que ya era hora de que ella contara algo, así que se lo dije en el primer momento en que se hizo el silencio entre los dos.
Me dijo que lo que más le gustaba en el mundo era la música y la lectura, que sus grupos favoritos iban desde los Beatles a Metallica, pasando por Pink Floyd e incluso Madonna; que le gustaría viajar a la India y que su comida favorita es el sushi. Me contó que la cuidad donde había estado que más le gustó fue Ámsterdam, y que los museos y salas de arte de París la volvían loca. Dijo que las tiendas vintage le encantaban, y que se podía tirar horas viendo desfiles de moda sin hartarse jamás.
La verdad es que me enamoré de su forma de ser, de su filosofía de la vida y me hizo pensar en cosas que nunca me había planteado.
Pero tiene que haber algo que ames por encima de todo, algo sin lo que no puedas vivir, algo que sea crucial para ti, le dije cuando volvió a quedarse callada.
Sí, claro que hay algo, contestó. Sus pasos se ralentizaron.
¡¡Cuéntamelo!! Dije, y comencé a dar estúpidos saltitos de emoción para que se lanzara a hablar.
Tú, dijo con un tono de voz sombrío. Tú eres aquello con lo que sueño, lo que me inspira, lo que me arranca una sonrisa cuando estoy triste. Me enamoré de ti la primera vez que te ví, la forma de la que te has portado siempre conmigo me enloquece, y te quiero más que a nada en el mundo, pero no amor del que tú piensas, si no amor de admiración.

Después de oír eso no pude reaccionar. Sin darnos cuenta, nos habíamos quedado parados en medio de la calle, y mientras ella hablaba, mi cara de asombro se hacía más y más grande.

Cuando acabó de hablar parecía que se hubiera quitado un enorme peso de encima, como si todo lo que me acababa de contar hubiera querido hacerlo hace mucho.
Me dí cuenta de que mi cara debía de ser de subnormal profundo, por que de repente, rompió a reír. Reaccioné lentamente, carraspeé, me froté los ojos con el dorso de una mano y fijé mi mirada en sus ojos.
Ya había dejado de reírse para, simplemente, sonreír, mirándome, son esas luces en sus ojos de nuevo.

Oye, con todo esto no quiero que pienses que soy una loca histérica o algo parecido. La verdad es que no sé ni por qué te lo he dicho, ahora estamos incómodos los dos.
No te preocupes, fui yo el que pregunté, ahora no me puedo quejar por que me hayas dado la respuesta.

Sonreí. La verdad es que hacía tiempo que no me sentía tan a gusto con alguien a quien acababa de conocer realmente.
Retomamos el camino, y mientras andábamos, coloqué mi brazo sobre sus hombros, achuchándola un poco contra mí. Noté su risa nerviosa mientras torcía la cabeza hacia mi pecho y volví a sonreír.
¿Puedo seguir contándote cosas? Preguntó levantando la mirada. Pero no quiero ser pesada ¿eh?
¡¡Sí, cuéntame!!

Y eso hizo.
Desde aquel día no se separa de mí. Me ayuda a tener los pies en la tierra, me informa sobre lo que pasa a mi alrededor y no llego a ver, me entiende, me apoya, y sobre todo, me ayuda a sentirme útil en algo más que con mi trabajo y cosas cruciales de mi día a día.





Lo único que puedo decir ya es: GRACIAS.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

09.09.09

Tú no sabes lo que es no poder respirar, sentir la angustia al darte cuenta de cómo, poco a poco, te falta el oxígeno y te sientes débil, sin fuerzas siquiera para mantenerte en pie. Es algo espantoso el darte cuenta de repente que no puedes, que aunque lo intentes no podrás levantarte por que ni siquiera llegan indicaciones a tu cabeza para intentarlo.

miércoles, 24 de junio de 2009

Joven frustrada *.*

Teen Angel:
Tu historia triste es, confusa y del revés, la chica a la que todo le va mal. Es tu futuro un nubarrón. Que queda de tu vocación. Es hora de colgar el delantal. Joven frustrada, todas aprueban menos tú. Joven frustrada, te han suspendido hasta en champú. Si al menos te ocuparas de ir un poco arreglada, con la pasta que ha costado tu nariz mal operada. Nena despierta, ya la esperanza hay que perder, que nos demuestra, menos soñar y más hacer. Si te sacas el diploma, secretaria puedes ser. Entierra ya el cepillo y vuelve a Rydell. ¡¡Prepárate baby!! Joven frustrada, pierdes el tiempo por ahí. Joven frustrada, mal rumbo llevas sigue así, que te iban a enseñar a ti, te creer la más astuta, pero qué clientes atraerás, tan sólo prostitutas. Pero yo ya sé que no eres una de esas, siéntate y escucha, por que cuando veo chicas como tú me digo “nena, tu tienes lo que hace falta”, así que no seas boba y un día podrás ser como yo y podrás decir, no soy una cerda, no como mierda, no fumo hierba. Calla y escucha, la regla de oro es “sigue en el instituto” por que en este mundo frío y cruel la gente irá a por ti, así que para no avergonzarte, primero a graduarte. ¡Oh! Nena admite, que el trabajar no se te da. Nena dimite, nadie en su juicio a ti vendrá. Tu futuro es negro nena, tú tirada en el diván, con el carretón que llevas, no te contratarán. Mal teñida vas, perdida estás, el mundo es tan cruel. Borra esa cara de ángel y vuelve a Rydell. Vuelve al instituto ya. Prepara tu mente. No te puedes quedar atrás. No. No. No. Llega el día de la graduación, y tú que, donde estarás. Nunca te quedes atrás. Y tus amigos que dirán, hablarán, juzgarán. Te sientes Rydell. Nunca te quedes atrás. Mis angelitas que buenas son, y que buenas están.
Los ángeles no tenemos sexo, pero sudar, lo que se dice sudar, sudamos como cerdos.
Frenchy, frenchy, donde estás.

Frenchy:
¡¡Estoy aquí!!

Teen Angel:
Y qué te estaba diciendo Frenchy.

Frenchy:
Nosequé de un cerdo que suda.

Teen angel:
Frenchy, si no te enteras ahora, no te vas a enterar nunca. Por última vez: vuelve. Vuelve. Vuelve, a Rydell.

Frenchy:
No. No. ¡¡Silencio por favor!! ¡¡Silencio por favor!! Que están hablando de mi futuro hombre, un poquito de respeto ¿no? Perdone usted, señor ángel, y con todo esto, que ha querido usted decirme, ¿eh?

Teen Angel:
Nena, no juegues, ya has escuchado mi sermón. No me lo niegues, todos me han dado la razón.

Frenchy:
Bueno, por ahí atrás no, ¿eh?

Teen Angel:
Doy por concluida mi misión, me voy volando ya. Vuelvo a mi heladería en la vía astral. Me voy volando ya. Olvídame nena, no quiero verte el pelo más, literalmente.

domingo, 21 de junio de 2009

21.06.09

No tienes ni idea de lo que sentí cuando reaccioné y te vi. No sabes las cosas, los pensamientos, las ideas, los sueños, que pasaban por mi cabeza cuando corría detrás de ti, persiguiéndote como una loca para lograr mi fin. Ni te imaginas como tenía las pulsaciones y la respiración cuando te paraste delante de mí haciendo nada. No piensas en lo importante que fue para mí ese momento en que, de repente, todo era perfecto. Tu agradecimiento, tu sonrisa, tu mano sobre la mía y sobretodo tu abrazo es lo más bonito, limpio y simple que en mi vida había sentido sobre mi piel.
Si te digo la verdad, no sé si lo que me contaste es cierto, y puede ser que, cuando llegues a tu casa lo olvides metido en un armario, pero para mi, tus palabras, tus gestos y los interminables minutos que estuviste rodeándome fueron un mundo, y te aseguro que jamás, en mi vida, nunca, podría olvidarlo.
Y es que no te haces a la idea de lo que significa el que, después de todo, de las decepciones, la rabia y las interminables esperas que han marcado mi adolescencia, de repente, y cuando creí que todo sería un asco, llegaste tú a arreglarlo todo, a recomponer los trozos desgastados de mi corazón, a construir una sonrisa en mi rostro, a levantar de nuevo una luz intensa en mi día a día.

Es un sentimiento precioso el que alguien te agradezca todo lo que haces por él o ella, y siempre había pensado que para mí ese momento no iba a llegar nunca, por que, realmente, no sabía si lo merecía; ahora sé que sí, ahora sé que, tarde o temprano te devuelven poco a poco todo lo que has entregado, y aunque no sea comparable con lo que tú has dado, siempre es algo más que si no recibieras nada a cambio.

domingo, 14 de junio de 2009

14.06.09

Y pensar que después de todo lo que pasé, después de todos esos golpes contra aquellas malditas puertas que ni a hostias se abrían, después de la desilusión, después de perder la esperanza, después de las lágrimas derramadas por la rabia, después del dolor, después de los destrozos que otras personas antes que tú dejaron dentro de mí, después de todo eso, llegaste tú, a curar todas mis heridas, a subsanar todo lo que habían destrozado, a secar todas esas lágrimas que mojaban mis mejillas rojas de rabia.
Ni te imaginas la fuerza, la pasión, el amor, la amistad y la gratitud que despertaste en mí cuando te acercaste y me cogiste del brazo. No puedes llegar ni siquiera a pensar en el cúmulo de pensamientos, de frases, de sentimientos.. de TODO, que despertaste en mí en aquel mísero momento. Seguramente para ti no significó nada, simplemente otra niña más que te agradece tu trabajo, sin embargo, para mí fue mucho más que todo eso, fue el subidón de adrenalina que provocaste dentro de mi ser, más grande que cualquier otra cosa que hubiera sentido antes, como un volcán que al explotar, escupe confeti de colores por todos lados. Simplemente me diste la ayuda para volver a creer en algo, para seguir aunque todo se caiga, me ayudaste a soñar una vez más, y eso es algo que, para mí, significa más que todo el amor y todos los besos del mundo.

sábado, 13 de junio de 2009

Noches de verano..

Y otra vez volver a caer en la tentación. Otra vez sentir que no puedo parar. De nuevo los ahogos al recordar tu suave mano sobre la mía, helada. Tu mano, que sin querer rocé y que jamás imaginé lo importante que sería. Otra vez las horas sin dormir, pensando y sonriendo al recordar tus dientes, blancos, cristalinos, perfectos, que mostrabas a la vez que dirigías a mí tu mirada y tus palabras. Y pensar que en aquel momento no creí que volviera a pasar algo así, y sé que no será igual, por que a pesar de todo, nunca nada será igual, sin embargo, y aunque a veces duela, es bonito. Claro que es bonito, es lo más maravilloso que he podido sentir, por que no hace tanto daño, ni lágrimas han derramado aún mis ojos, y aunque algún día lo hagan, no creo que sea por tu culpa claramente, pues estás tan alejado que ni se me pasa por la cabeza la imagen de tenerte conmigo. Algo que ayuda a levantar la cabeza, algo que me sale de muy dentro y que significa tanto para mí como mi propia vida.
Y es que tu voz hipnotiza, es lo único que necesito para levantar, y lo último que oigo antes de dormir. Aquella voz de pito horriblemente falsa que estuve escuchando durante dos horas es lo que me hace sonreír, lo que me hace suspirar, y lo que me hace recordar todos aquellos momentos que tan importantes son.

viernes, 12 de junio de 2009

Mágicas notas

ADORO esta canción con todo mi ser...
Y al personajillo que la canta más aún!!



En la radio oigo una música, que no es nueva pero es única. No sé el título de la canción, pero me ha robado el corazón. La escucho y me emociona, pienso en tu persona. Siempre me recuerda aquella noche que soñamos juntos. Mágicas notas, que me transportan. Es la canción que hay dentro de mí, es la canción, que me habla de tí, te dice ¡ven! regresa a mí ¡ven! te espero aquí. Vuelve y no tardes más, no me atormentes más, solo quiero escuchar una vez más la magia de tu voz en mi oído. Embrujado por la música, que es el eco de mi súplicas. Sé que pronto volverás a mí, se acabó el sufrir así, sí, sí, sí. Suena la guitarra, mi canción desgarra, late el corazón aún más, y quiere saber dónde estás. Ohhh!! Sí, sí, sí, cuñanto te quiero, yo sin tí me moriré. Cuando estés aquí a mi lado, ya por siempre te querré. Embrujado por la música, que es el eco de mis súplicas. Sé que pronto volverás a mí, se acabó el sufrir así, sí, sí. Ooooh!! Suena la guitarra. Mi canción desgarra. Late el corazón aún más, y quiere saber dónde estás. Te quiero, te adoro, te añoro, te espero. Te quiero, te adoro, te añoro, te espero, y siempre, y siempre, y siempre te adoraré. Siempre te adoraré, más!!

martes, 21 de abril de 2009

21.04.09

El frío me despierta en medio de la noche. Miro el despertador y me desperezo lentamente. Las cinco y media de la madrugada.
Sin ganas de volver a dormir, salgo despacio del dormitorio y me dirijo al salón.
La casa, aún desordenada después de la fiesta, está oscura.
Tras beber un largo trago de agua de una botella de la nevera, me siento en el sofá mientras cierro los ojos, y comienzo a recordarlo todo.

Veo a la gente, la fiesta, los regalos, la luz, el alcohol, todo en torno a mí, me siento como si diera vueltas y más vueltas sin cesar, pero aún no quiero abrir los ojos. Te veo andar decidido a través de la gente que me rodea, sonriendo, no me explico como pude olvidar esa hermosa sonrisa, esos ojos que me estremecían con cada parpadeo.
Olvidé todo o que en un momento significaste para mí, lo que hicimos juntos, las noches de paseo, todo. Y me duele por que prometo que no lo hice convencida de ello, simplemente no quería sufrir más, hay tantas cosas entre nosotros que nos separan, que no tenía valor para amarrarme a las que nos unen.
Aún así te pedí una y otra vez que me llevaras de vuelta a aquellos lugares mágicos, a aquellas tardes de sonrisas y felicidad que tan lejanas parecían. Una y otra vez te rogué que me llevaras lejos, a un lugar donde nuestra soledad fuera lo más importante, donde nadie nos conociera ni pudiera juzgar, sólo necesitaba un ‘podemos hacerlo’, pero era imposible.
Así que me aguanté, acepté lo que venían a darme sin quejas, aunque fuera lo que más dolor causaba en mi corazón, aún así no podía dejar de pensar, lo eras todo para mí, y en sueños una y otra vez te pedía, llorando que no te fueras.
Supliqué que me salvaras de aquellos que intentaban decirme como vivir. Sabía que nuestro amor era difícil, ya ni siquiera tenía mucha fé en él, sin embargo era real, lo más real que había sentido en mi vida, y no quería soltarlo. No tenía miedo, decidí abandonar cualquier rastro de cordura que hubiera en mi vida para entregarme a ti, por mucho que costara.
Pero me cansé de esperar, me cansé de preguntar cuando volverías. Mi admiración y esperanza por tí caía cada día más, y no hacía más que pensar en lo que te dije aquel día en que nos conocimos, el día en que te rogué que no me abandonaras, sin embargo, tu marcha estaba escrita.
Me quedé completamente sola mientras esperaba tu vuelta, algo que no sucedía. Comencé a pensar que todo eran imaginaciones mías, pues no sabía si creer en tu palabra o en lo que decían los demás.
De repente apareciste, como caído del cielo, cogiste mi mano y dijiste: ven conmigo, jamás volverás a estar sola. Te quiero, y eso es lo único que importa. Eres mi princesa y jamás dejaré de amarte. Simplemente éramos muy jóvenes cuando nos conocimos, por eso nuestras promesas nunca tuvieron una gran pesadez.

Abro los ojos lentamente, y mientras gruesas lágrimas caen de mis párpados, vuelvo de nuevo al dormitorio, donde, seguro, aún me esperas, aunque aún no puedo decir si todo esto es real o no. Abro la puerta con el máximo cuidado y te miro. Duermes profundamente, igual que un niño pequeño. Despacio y controlando mi respiración, me acerco a la cama, me tumbo a tu lado y te abrazo. Mi historia de amor, al fin, concluyó felizmente, como nadie, sólo tú y yo esperábamos. Y cierro los ojos, mientras siento como tu mano aferra la mía con fuerza en un intento de no separarnos jamás.

sábado, 18 de abril de 2009

19.04.09 (tres años justos)

Tres años. Tres años ya. La de cosas que han pasado, madre mía!! Las ilusiones que llevé aquel día, cuando creí que te encontraría, cuando me dí cuenta de verdad de quienes serían las que estarían a mi lado, cuando me dí cuenta de lo fuerte que me sentía con sólo imaginar que estabas allí. Tres años, y aún cuando recuerdo, lloro. No por lo triste que fue el darme cuenta de que, aunque puse todo mi empeño, no sirvió de nada, puesto que todo se fué al traste por un maldito día de diferencia, por el egoísmo de la gente que me rodeaba y por que no supe ver la oportunidad desde el principio.
Supongo que no recordarán lo que pasó hoy mismo, hace tres años, es como una voluta de humo que, aunque quieras cogerlo, se te escapa de las manos, sin embargo yo lo recuerdo, como si fuera ayer: la gente que nos miraba, las fotografías que hicimos soñando que, se repente y sin avisar, apareceríais por la puerta, para hacernos felices y dar un poco de ese amor que os entregamos, pero aún así, de nada sirvió. De todas maneras, lo volvimos a intentar, como aquel día, y aunque tampoco salió como esperábamos, siempre quedará el recuerdo de aquellos bocadillos de salchichón de medio metro y esos okey's de vainilla que desayunamos aquel 19 de abril en el aeropuerto de Barajas, por que, aunque la mayoría de la gente no lo sabe, aunue luego quieren hacer como que lo conocen todo, fué la primera vez que pisásteis España oficialmente, y aunque salió como una mierda, siempre quedará el recuerdo de la primera locura que hice por alguien como tú.


Y es que pensé que moriría esperando a alguien que jamás llegaría.

lunes, 13 de abril de 2009

13.04.09

Hacía tiempo que lo había pensado, pero jamás me lo llegué a plantear del todo.
Todo lo que has significado para mí, todo lo que he vivido a tu lado, las risas, los llantos, uno de los mejores días de mi corta vida lo pasé contigo ¿lo has olvidado? ¿has olvidado los gritos de rabia? ¿las risas juntas? ¿esas tardes en el cine? ¿aquellas fiestas? ¿acaso te has olvidado de mí? No hago más que repetirme que no, que lo único que ocurre es que ya no estás a mi lado físicamente, pero que, emocionalmente, siempre estaremos juntas, el problema es que, aunque no paro de repetirme que aún guardas todos esos recuerdos de crías histéricas en tu mente, cada vez veo más claro que has pasado página en tu vida, que has comenzado una nueva, y que yo no me encuentro en ella, y no sabes lo que me duele. Por que sí, es cierto que, de un tiempo a esta parte no hemos estado juntas, cierto es, pero siempre he pensado que, en algún rincón de tu corazoncito, había un pequeño, minúsculo y casi inexistente espacio reservado a mí, y me duele darme cuenta de que no tengo razón, de que no es que sea casi inexistente, es que, directamente, no hay espacio en tu corazón para mí, y no te puedes imaginar lo mal que me siento sabiendo que, a pesar de todo lo que he pasado contigo, todo, lo has olvidado.

viernes, 27 de marzo de 2009

27.03.09

Lo que más odio es que crees que me conoces, pero en realidad no sabes nada sobre mi vida ni sabes nada sobre mí, así que no pretendas hacer de mí la persona que tú crees que soy, únicamente por que te da miedo ver como soy de verdad, por que hay cosas de mí que no conoces. Y lo peor es que me molesta que digas esas cosas por que, a pesar de todo, necesito gente como tú a mi lado.

martes, 10 de marzo de 2009

10.03.09

Te ríes de los demás por que tienes miedo de que descubran tus carencias y, por tanto, atacarte por ahí. Es tu forma de intentar decir al mundo lo fuerte que eres, y solo excepciones como yo vemos lo que de verdad escondes, lo que no muestras, lo que quieres ocultar con tus actos; no enseñas lo débil que en realidad eres, lo que te importa todo, la soledad que hay en ti, las carencias de todo que tienes y que, como sigas así, jamás conseguirás tener.

10.03.09

They tell you a good girl is quiet and that you should never ask why, ' cause it only makes it harder to fit in. And you should be happy, excited, even if you're just invited. 'Cause the winners need someone to clap for them. It'so hard, just waiting in a line that never moves. It's time you strarted making your own rules. You gotta scream until there's nothing left, with your last breath, say here I am, here I am. Make em listen. ‘Cause there is no way you’ll be ignored, not anymore. Say here I am, here I am. You only get one life to work it, so who cares if it’s not perfect, say it’s close enough to perfect for me. Why should you hide from the thunder, and the lightening that your under, ‘cause there ain’t nobody else you want to be. If how your living isn’t working. There’s one thing that will help. You gotta finally just stop searching to find yourself. You gotta scream until there's nothing left, with your last breath, say here I am, here I am. Make em listen. ‘Cause there is no way you’ll be ignored, not anymore. Say here I am, here I am. Here I am. The world better make some room. Yeah move over, over, ‘cause your coming through, ‘cause your coming through. You gotta scream until there's nothing left, with your last breath, say here I am, here I am. Make em listen. ‘Cause there is no way you’ll be ignored, not anymore. Say here I am, here I am. Here I am. Here I am.


ADORO ESTA CANCIÓN.

10.03.09

Aún cuando miro atrás y veo lo que he hecho, veo como me equivoqué en cada cosa que hice, como perdí el tiempo, como hice las cosas, tanto mal como bien, como me arrepiento de mi comportamiento, y me duele ver como degradaste la admiración que tenía por ti, como acabaste por aburrirme con todas las bobadas que hacías para intentar, sin conseguirlo, hacerme reir.

sábado, 7 de marzo de 2009

07.03.09

Si digo la verdad, jamás me mi vida había pensado que me pasara algo así.
No es que lo viera mal, está clarísimo que no, pero es algo que, no sé, nunca me había parado a pensar. Supongo que también, el hecho de que la mayoría de gente lo vea mal, hace que no te lo plantees en tu vida, sin embargo, si es algo que llevas dentro, que es así y que, por mucho que intentes y que intenten, no puedes cambiar, por que, además, no quieres, va a ser así, lo quieras o no. Llega un momento en que, por unas cosas u otras, de repente, ves las cosas de otra manera, comienzas a plantearte tu vida de forma distinta, sin que eso sea algo malo, por que, a decir verdad, muchas veces es lo mejor, consigues saber quien eres sólo con pararte a pensar cinco minutos.
Supongo que yo desde el momento en que me di cuenta, aunque al principio pensé que únicamente era una chorrada, lo he sabido aceptar perfectamente, y por eso, ahora soy más feliz, más entera, más yo… Sin embargo, hay algo que me falta, sí, me falta tener conmigo esa persona que pueda hacerme reír día tras día, que sepa exactamente lo que siento y lo comparta conmigo, que pueda entender cómo me siento a cada momento, sin necesidad de tener que esconder lo que siento cada vez que la miro. Supongo que no todo es tan fácil como aceptar como somos, pero de todas maneras, estoy segura de que, un día, no sé cuando, encontraré eso que busco, mientras tanto, sé que tengo el apoyo de las personas a las que más quiero en este mundo; aunque muchas cosas no las compartan conmigo y no puedan entender lo que siento, sé que pase lo que pase están a mi lado, y eso es lo que me ayuda a seguir entera, a no desfallecer y a buscar eso que tanto necesito.

miércoles, 4 de marzo de 2009

04.03.09

El no poder frenar esto es lo que me hace caer una y otra vez; el darme cuenta de que, aunque intenté evitarlo no sirvió de nada, es lo que me duele por dentro; el ver que todo está en mi mente es lo que me hace más daño; por que sí, todo está en mi cabeza, en mi estúpida cabeza de chorlito, que tuvo que caer rendida de nuevo ante el color de tus ojos.

jueves, 19 de febrero de 2009

19.02.09 [Monu's B.Day]

Tenía pensado escribir algo chachi y eso, pero estoy que no estoy, así que me limito a poner las cuatro chorradas de siempre, que espero te hagan ilusión ^^
En fin, la verdad es que ni siquiera hace un año que te conozco, sin embargo, te has convertido en la persona más importante que tengo, lo sabes. No sé cómo ni cuando comenzamos a conocernos de verdad, sólo sé que jamás en mi vida me podría arrepentir de haber llegado ha hablar contigo, y si lo hiciera, me tiraría por un barranco al terminar la frase. Hehehe. Vale, ahora en serio.
No te voy a decir nada que no sepas ya, por que, para bien o para mal, me conoces mejor que nadie, soy transparente para ti, por lo tanto sería perder el tiempo; además, en la carta ya te puse todo, todo y todo.
Lo único que lamento es no poder estar hoy contigo, pero bueno, es lo que hay, y habrá que aceptarlo.
Sabes que me dolería perderte más que nada, que eres mi apoyo y mi payasa, y que sin ti no sé que haría.
Gracias por todo lo que haces por mí, y te prometo que haré lo posible por que este año sea el mejor de todos, te lo prometo! Al fin y al cabo, ha nevado no? xDD Tú ya me entiendes.
Y eso, que te quiero muchísimo y que espero que estemos juntas muy pronto.

Ten un muy, muy, muy, muy feliz 16 cumpleaños.
¡Te adoro mi vero!

19.02.09

-¿Qué quieres que haga? ¿Qué mienta? Lo siento, pero no es mi estilo.
-O sea, que la culpa es mía ¿no? – replicó él.
-Claro que no, yo también he sido una cerda, es cierto, pero lo que estás haciendo no me daña a mí, te daña a ti, te estás mintiendo a ti mismo.
La cara de él delataba culpabilidad y terror.
-Yo no puedo evitar que te sientas así, tienes que ser sincero y no ocultar lo que sientes, por mucho que te digan – reprochó ella.
-Me da miedo – susurra intranquilo.
-Yo estaré a tu lado, como siempre, no te preocupes por nada – dijo ella, acariciándole el brazo lentamente.
-¿Sabes? Siempre pensé que estaríamos juntos, que nada nos iba a separar, pero lo he jodido todo – comentó él.
-¿Eres tonto? – dijo indignada – no has jodido nada, simplemente sientes cosas distintas, eso no es malo. Quien lo quiera aceptar, genial, y quien no, puerta; vamos hombre, ni que fuera algo malo – exclamó con énfasis.
-Pero me odiarán…
-¿Y eso que más da? Lo importante es que estés bien contigo mismo, que seas feliz y que no te escondas, eso es lo importante.
-Supongo que para ti es fácil hacer algo así... No es que seas una don nadie, por que para mí lo eres todo, pero no estamos en la misma situación, y lo sabes.
-Sí, es cierto. Lo que yo sienta, y sobre todo, sobre quien lo sienta no le importa a nadie, sin embargo ¿no eres tú una persona, como esas que tienen el valor de juzgarte?, ¿no mereces ser feliz como ellos?, ¿no tienes el mismo derecho a ser fiel a lo que sientes, como el resto de personas que pueblan este mundo?
-Supongo…
-¡Pues ya está! Sal ahí y da la cara, que cuando acabe todo esto, te voy a invitar a cenar.
Se abrazaron.
-Muchas gracias, de verdad – susurró él, apoyando su barbilla en la frente de su amiga.
-No hay de qué – sonrió ella, mirándole.
Y mientras él se marchaba hacia los focos, ella pensó que jamás había estado tan orgullosa de ser su amiga.

jueves, 12 de febrero de 2009

12.02.09

Que quieres que yo le haga. Debe ser que me gusta sufrir, pero no puedo evitar mirar esa foto una y otra vez y maldecirme a mí misma por ser una estúpida.
La culpa no es suya, ni tuya, la culpa es mía por querer tantas cosas imposibles; y no tu cariño, si no tu presencia.
No lo sabes pero, con sólo imaginar que estas aquí una vez, ya puedo seguir adelante el resto del día, y es difícil darse cuenta de que, aunque lo has intentado, has tratado por todos los medios que eso no pasase, es imposible evitar lo que otros han decidido que debemos vivir. Y es injusto que gente que ni siquiera conoces te obligue ha hacer cosas que no quieres… Por que no quieres ¿no? Tal vez sí. Puede ser que, después de lo que ha pasado, después de todo el dolor, de los desplantes y la decepción... puede ser que después de todo eso necesites creer en algo, amarrarte a cualquier cosa, por pequeña que sea, que te haga pensar que algo tiene sentido, que todo lo vivido sirve de algo y que en esos momentos en los que parecía que todo se iba al traste, alguien que no conoces te cogió de la mano, te ayudó a levantar, secó tus lágrimas, abrazó tu destruido cuerpo e hizo que volvieras a pensar que, después de todo, algo puede salir bien.
Necesitas ese apoyo para seguir adelante, el apoyo de personas que jamás has visto pero que, de una forma u otra, te ayudan y hacen que saques fuerzas de donde siempre pensaste que no había; te hacen reír, y está claro que también te hacen llorar, y lo saben, sin embargo, eso es algo que no se puede evitar, y que simplemente creyendo un poco más, el tiempo borrará ese dolor que, indirectamente, te han causado.

jueves, 5 de febrero de 2009

05.02.09

Me siento mal. Me siento agotada, hundida, cabreada, frustrada, y ni siquiera sé por qué. Últimamente me pasa a menudo, estoy de morros pero no veo la razón claramente.
Lo único que sé es que la culpa es suya, que si fueran de otra manera, me trataran mejor, no fueran hipócritas y no hablaran para hacer daño, esto no estaría pasando. Luego encima se quejan de cómo hablo, de cómo trato a los demás, de mi manera de ser, y digo yo ¿cómo coño quieren que sea si me habéis enseñado a ser así? ¿si la culpa es vuestra, por no ser sinceros y no mostrar las cosas como son? Aún así, seguís sin daros cuenta de vuestro error, me tenéis delante y no hacéis nada, absolutamente nada, y encima os quejáis. Pero habrá un día en el que yo me vaya, y desde entonces, os aseguro que no me volveréis a ver, y en vuestro lecho de muerte, donde yo no te estaré velando, os maldeciréis por no haberos portado bien conmigo, por haber sido unas personas tan miserables, a las que solo las apariencias significan algo, y dan más importancia a lo que se vea desde fuera que lo que tienen dentro.

martes, 3 de febrero de 2009

03.02.09

Y es que, a pesar de todo, aunque lo quieras evitar, pasar página y dejar todo para olvidarlo, haciendo como si nunca hubiera pasado, siempre hay alguna cosa, por pequeña que sea, que te hace recordar el dolor que has vivido; esos sueños imposibles, esas noches sin dormir, las interminables esperas, la desesperación, el daño y las lágrimas de saber que, por mucho que lo intentaras, no podrías conseguirlo.

viernes, 30 de enero de 2009

31.01.09

Cada vez que me miras a los ojos siento como el mundo se hunde detrás de mí.
Cuando oigo en la distancia y veo como las lágrimas caen de tus ojos sin poder remediarlo es cuando me siento una mierda por dentro, por no poder evitar todo esto que está pasando.
Cuando en medio de la noche me despierto al oír tu ensordecedor grito pidiendo ayuda, un grito que nadie, ni siquiera él puede callar.
Cuando pienso en todo el dolor que llevas dentro y que no puedes sacar, es el momento propicio para sentirme como una mierda por dentro.

El día que te conocí no todo era alegría; había en todas nosotras un sentimiento de frustración que, aunque intentábamos ocultar, no hacía más que salir a la superficie, estropeando nuestro encuentro. Y ahora, que vuelves a llorar no estoy yo para secar tu rostro.
Lo triste es que, aunque abras tu mente y tu corazón para mí, no puedo saber todo lo que pasa por tu mente, lo que piensas a cada instante y lo que sientes cuando te digo como he pasado el día.
A pesar de todo, y aunque duele, te levantas, para, al segundo y por fuerza de alguien que no ves, volver a caer. Y ríes, cuando recuerdas esos estúpidos pensamientos que invadieron tu mente un día, eso que te decía que todo era fácil y que, al final, se rompió, como todo en lo que has creído.
Y ahora, después de todo lo que ha pasado, no hay nada, ni una pequeña parte del mundo que te de una razón para volver a levantarte, que te ayude a reír, como hiciste la última vez que te vi; aquella vez que, a pesar del dolor que causó el adiós, no te permitiste caer ni una vez, y eso es lo que me ayudó a mí a seguir viva durante un tiempo más.
En este momento, en que tu corazón está destrozado de dolor, en que ni yo, por mucho esfuerzo que haga, puedo sacar una sonrisa de ti.
Ahora nadie cuenta tus lágrimas, llevan ahí tanto tiempo que pasan desapercibidas para el resto de la gente, esa gente que está a tu lado y que no sabe lo que daría yo por estar en su lugar; esa gente estúpida que desaprovecha la oportunidad de sacar de ti todo lo que llevas dentro para mostrar y que no te atreves a enseñar por el miedo.
Y poco a poco, aunque duele mucho, te propones seguir tu camino, por que, al fin y al cabo, es lo que alguien, no se sabe quien, ha decidido que debes vivir; por lo tanto, dado que quejarse no sirve de nada, sacas fuerzas de donde no las hay para intentar, por todos los medios, llegar a ser esa persona que, desde un principio, desde que has nacido, desiste que un día llegarías a ser. Es más fácil rendirse, eso está claro, pero, aunque no te lo creas, eres fuerte para seguir adelante, y sé que todo eso que te has propuesto llegar a ser puedes conseguirlo, sé que puedo hacerlo hasta yo, así que imagínate.
Sabes que, si te lo propones puedes conseguir todo lo que quieras, eso es lo que adoro de ti, y lo que me ayuda a no decaer cuando me siento mal.
Si tú caes, yo caigo, lo sabes. Para siempre. Te quiero.

domingo, 25 de enero de 2009

25.01.09

Oscuro. Todo oscuro. De nuevo sola ante todo. Sola ante la vida, las experiencias, las decepciones.. sobre todo las decepciones.
Una y otra vez tropiezas con la misma piedra, la maldita no cambia de sitio en ningún momento. Sin cesar aguantas todos y cada uno de esos tropezones, siempre pensando que, al final, algo saldrá bien, pero luego te das cuenta de que no es cierto, estás cansada de que siempre pase lo mismo, no puedes más y al final te derrumbas.
Las lágrimas brotan sin cesar y no haces nada por evitar que salgan, te duelen los ojos. En silencio, sola, como cada día lloras, nadie seca tus lágrimas que siguen derramándose sin dejarte un segundo para poder secar tu rostro.
Y yo, impotente, no puedo hacer nada. No puedo más que tranquilizar tu atormentada mente y tu maltrecho corazón. Jamás en mi vida me sentí tan insignificante, tan poca cosa y tan inservible.
Y lo que más lamento es que, aunque quiera hacer algo, ir y secar tus lágrimas e impedir, por escasos momentos que llores de nuevo, ayudarte a reír o simplemente estar ahí, no puedo, eso es lo que más rabia me da, que no puedo hacer nada, absolutamente nada por evitar tu sufrimiento. Aún así, y aunque la verdad es que no me consuela, sé que sabes que siempre estaré a tu lado, esperando oír tu grito ensordecedor para, como siempre he hecho desde el día que te vi por vez primera, que te desahogues e intentar, sin conseguirlo, curar tus heridas.
Por que tú sabes quien eres, sabes lo que quieres, y estoy segura de que, aunque a veces tengas bajones, nunca dejarás de creer, nunca dejarás de intentar conseguir lo que crees que es justo, lo que de verdad mereces. Y por eso te quiero, por que por muchas veces que pataleaste de rabia, por muchas veces que hayas llorado, por muchas veces que hayas pensado “a la mierda con todo” sigues ahí, al pie del cañón, entregando tu día a día a personas que no saben lo afortunadas que son de tener detrás de ellos a alguien como tú, personas que, estoy segura, un día se darán cuenta de todo lo que has hecho y te recompensarán, y sé de que ese día estaré contigo, pero ¿sabes que te digo? A mí no me hace falta que nadie me diga todo lo que vales, por unas cosas o por otras.. Tu valor ya me lo has demostrado con creces, y eso es lo que cuenta.

jueves, 22 de enero de 2009

22.01.09

Por muchos sueños que tengas, siempre hay alguno que no es tan irreal como los otros, uno que puede llegar ha crearse de verdad, y que, al contrario que los otros, solo implica un pequeño esfuerzo. Y cuando lo tienes, cuando cada vez lo ves más cerca, más posible, cuando después de tanto tiempo lo ves tan claro que casi puedes tocarlo con la punta de los dedos, siempre, SIEMPRE, hay algo o alguien que hace que todo se desmorone, que hace que, incluso los deseos más reales, fracasen.
Es muy triste el que esa persona que te hunde por un motivo que no logras comprender, está contigo un día tras otro, y no puedes hacer nada salvo llorar y maldecir en silencio a esa persona que, consciente del daño que causa, ha hecho que todo se derrumbe de nuevo, e incluso esos sueños que eran posibles se tuerzan, simplemente por que no le apetece verte feliz, por que prefiere que estés triste y mal, para poder así manejarte a su antojo, como un títere que no sabe donde va. Eso es lo más triste, la indiferencia que muestran algunas personas en cuanto a los sentimientos de los demás se refiere.

martes, 20 de enero de 2009

09/01/09

No entiendo aún como no te has dado cuenta de que no me importas, de que si desaparecieras me daría igual. No hago más que tratarte de malos modos, no te hablo y ni te miro, pero tú no entiendes nada, lo único que te importa es que después de tu desgracia acudí a curarte las heridas, hice que todos tus males desaparecieran, pero no es justo; yo también tengo problemas, también necesito cosas que no tengo y que, dado que no me dejas, jamás podré conseguir. Necesito seguridad en mí misma, necesito no tener que ocultar lo que siento ni lo que quiero, y eso es algo que contigo no consigo.
No puedo decir lo que pienso por que no me dejas, no puedo hacer lo que quiero por que te enfadas, no entiendes que, en este momento de mi vida en el que más insegura, más odiosa, más desesperada, fuera de lugar y pero me siento, tú me quitas la poca libertad que he intentado y, a duras penas, conseguido tener.
Necesito sentirme persona, sentirme viva y aceptada, sea cual sea mi condición, y aunque no te lo creas, me estás limitando; como hay cosas de mí que no te gustan intentas cambiarme, para lo que tú crees que es mejor, y aunque eso a mí me duele, en lo único en lo que piensas es que, por fin, tendrás a quien siempre has esperado a tu lado, y no es justo, por que yo no te quiero, y no puedes obligarme a sentir cosas que, por más que intentes, no voy a conseguir sentir.
No piensas en lo que yo necesito, únicamente en que tu soledad se acabará, y ¿sabes qué? que tendrás que sentirte sola más veces, tendrás que olvidar y pensar en otra cosa, por que no voy a estar contigo siempre. Es algo que, aunque quieras no puedes evitar, es mi elección, y aunque sé que te va a doler, sé que te enfadarás, necesito vivir como siempre lo he hecho, sin darle cuentas a nadie, sin tener que pensar en el bienestar de otras personas, simplemente en el mío, y ten claro que, cuando todo esto pase, cuando yo me vaya, será para no volver.

miércoles, 7 de enero de 2009

Walk away

La canción "Walk away" de Aloha from hell me inspiró para escribir esto.


No había pegado ojo en toda la noche desde nuestra conversación y desde que te marchaste al cuarto de al lado.
La luz de la mañana entra en la habitación a través de los ventanales.
Las largas cortinas se mueven delicadamente, las observo mientras pienso en todas esas cosa que te dije.
Un escalofrío recorre mi cuerpo al recordar cómo empalidecías poco a poco, con cada palabra que salía de mi boca.
Sé que hice mal, que no debí dejarte que pensaras de mí de manera equivocada, pero eras feliz, estabas feliz, después de tanto tiempo, sonreías, no me veía capaz de quitarte esa ilusión, aunque sabía que, a la larga, sería peor.

Una gruesa y silenciosa lágrima cae por mi rostro, pero la seco nada más desprenderse de mis pestañas. No puedo ser débil ahora. Ahora que al fin todo te lo dejé claro, no puedo rendirme.
No sabes el daño que me hace haberte causado tanta desgracia en tan poco tiempo, te dije que te quería aunque no lo sintiera así, sé que fue un error, un error que ahora estoy pagando, aunque ni siquiera lo sabes.
Me invade la tristeza al recordar tu hermosa cara contraerse por el dolor otra vez, tus claros ojos azules enrojecerse de nuevo.
El pensar que antes, yo era la que evitaba todo esto y ahora lo estoy causando, es lo que no me deja vivir.

Durante tres meses viví engañándote y engañándome a mi misma.
Siempre albergaba la esperanza de que tarde o temprano te querría, pero no, jamás pude pensar en ti como eso, aunque a ti te lo hice creer.

Me levanto de la cama y me dirijo al baño contiguo directamente para darme una ducha bien fría.
El avión sale en tres horas y debo estar dos horas antes en el aeropuerto, y aún no he terminado de recoger mis cosas.
Tras la ducha, me vestí y me dispuse a recoger las cosas que quedaban desperdigadas por el cuatro de baño para cerrar definitivamente mi maleta.
A los quince minutos abrí lentamente la puerta del dormitorio para evitar despertarte, aunque supuse que habrías dormido lo mismo o menos que yo.

Durante una fracción de segundo me planteé llamar a tu puerta para decirte adiós, pero después de lo que te había hecho, decidí que sería mejor dejarlo estar, ya llamaría cuando se me calmara el coco.

Bajé silenciosamente las escaleras de la casa, con la pesada maleta al hombro. Fui hasta la puerta para dejar en la entrada mi equipaje y me dirigí a la cocina con intención de coger una manzana para comérmela en el taxi. Las lágrimas volvían a mis ojos, me escocían aunque no hacía más que restregar mis dañados ojos por el esfuerzo de mantener las lágrimas dentro de mí el mayor tiempo posible.

Una vez más, tu presencia desbarató mis ideas e hizo que olvidara para que había ido a la cocina.
Estabas en la mesa, se encontraba en medio de la amplia estancia. Te encontrabas sentado de espaldas a mí, pero sabías que estaba, pues te pusiste rígido cuando oíste cómo se agitó mi respiración al encontrarte allí.
Intenté mantener la poca dignidad que me quedaba y me encaminé hacia el frutero, que reposaba delante de ti, sobre la mesa.
Dando lentos y dubitativos pasos me situé detrás de ti; tuve el impulso de acariciarte el cuello, como tantas otras veces, como cuando te calmaba, pero no me veía capaz del todo, además sería peor, después de lo que había hecho debía mantener las distancias.

Rodeé la mesa y me puse delante de ti, sin atreverme a mirarte a la cara. Agarré una manzana con la mano y con paso ligero salí de la habitación.

Ya en la puerta, me abroché el abrigo, puse una mano en el pomo de la puerta y, cuando me disponía a agarrar con la otra mano el asa de mi maleta, tus dedos se amarraron con dulzura a mi muñeca y con un gesto, me obligaste a mirarte a la cara y lo que vi me destrozó por completo.
En tu rostro no había ni rastro del chico que conocí hacía tanto tiempo.
Tu cara estaba contraída de dolor, tus ojos habían perdido el brillo que habían tenido apenas doce horas antes, tus labios estaban apretados formando una fina línea.
Con un hilo de voz susurraste.

-Por favor, tú no.. – tu voz se resquebrajó por completo y las lágrimas surcaban a sus anchas por tu cara.
-Lo siento David, lo siento mucho. No puedo engañarte más. Lo siento.

Me solté de tu mano y agarré mi pesada bolsa. Abrí la puerta de la calle. El frío viento de invierno me golpeó en la cara, pero le hice frente. Salí con paso decidido, intentando no derramar ni una sola lágrima delante de ti.
Tus palabras me helaron.

-Te quiero – susurrase de nuevo y, con un portazo, volviste dentro de la casa.

En ese momento me derrumbé del todo. Comencé a llorar sin descanso, controlando mis sollozos, intentando que no llegaran a tus oídos.

-Yo también.

Tú, yo.. y ellos

El timbre que anuncia el final de la jornada escolar hace que despierte de su ensoñación.
Sus compañeros salen escandalosamente mientras ella recoge lentamente sus libros y los introduce en la mochila.
Se levanta del asiento como impulsada desde el trasero cuando él, bajando las escaleras, se para en la puerta de la clase, traspasa ligeramente el umbral y le dedica una sonrisa. Una sonrisa que a ella le servirá para tirar todo el fin de semana.
Su cuerpo magullado grita de dolor en su interior cuando se coloca la mochila cerrada a la espalda. –Espero que no estén fuera esperando… Como siempre- piensa una y otra vez mientras baja las escaleras que la llevarán hacia la rutina diaria de dolor.

Mira al cielo una y otra vez suplicando a un ser que no sabe si de verdad está ahí, por que no estén; suplica que le den un respiro, unos días de descanso sin gemidos de dolor que ocultar.
Pero no. Sus suplicas, como cada día, se las lleva el viento.
Y allí esperan, en la puerta, apoyados en la verja de enfrente del colegio su salida.
Un día tras otro. Una semana tras otra.

Al instante comienzan con la rutina. Comentaros ofensivos que debe ignorar si no quiere meterse en más líos. Pero de todas maneras, aunque los ignore, no puede olvidar que están ahí, no puede tapar sus oídos a cosas que son ciertas.
Y no para de preguntarse -¿por qué a mí?- Y nadie tiene repuesta para esa pobre criatura que se desliza entre las sombras día tras día.

Primer golpe. Al suelo.
Segundo golpe. Tirón del pelo.
Tercer golpe. Patada en el estómago.

De nuevo levanta la vista, de nuevo solloza implorando un minuto de tranquilidad en su ya más que deshecha vida.
Les mira con ojos suplicantes, pero ellos lo único que hacen es reírse.

Cuarto golpe. Puñetazo en la cara.
¿Resultado?
Inconsciencia.


Pasan los segundos, y sigue tirada en el suelo.
Tiene los ojos abiertos.
Le duele cada músculo de su maltrecho cuerpo; es la peor paliza que le han dado, y todo ¿por qué? Por ser sincera cuando el director preguntó que quién había tirado la piedra y, por lo tanto, roto el cristal.
Estaba cansada de pagar siempre por las cosas que habían hecho los demás, por eso dijo la verdad.
Tal vez debería haber callado, tal vez no debería haber delatado a nadie, pero ya no había vuelta atrás, y por consiguiente, sabía que nada más salir que esperaría otra paliza.







El mundo daba vueltas.
No siente ni un solo músculo ni hueso de su cuerpo.
Pestañea por acción involuntaria.
Da la impresión de que le han deshecho incluso algunos órganos, siente líquido en los pulmones y no puede respirar.
Sigue con los ojos cerrados.
De pronto, una mano acaricia suavemente su brazo; de arriba abajo.
Los pelos se le ponen de punta al sentir el contacto de la piel fría de la otra persona con la suya.
Abre los ojos, mira hacia su derecha, donde aún siente la presión de una mano contra su cuerpo, y allí está él, tirado en el suelo, sangrando por todos los orificios que tiene en la cara, mirándola de una manera indescriptible.

-¿Qué haces aquí? ¿Qué es lo que te ha pasado?- pregunta, intentando incorporarse, al segundo, piensa que es mejor seguir tirada en el suelo. Duele. Duele mucho.
-Intenté impedirlo, intenté que te dejaran, pero supongo que soy demasiado débil para todos ellos –contestó él, dirigiendo la mirada hacia el cielo. Contenía las lágrimas a duras penas, tenía los ojos rojos e hinchados, pero ella no supo si por los golpes o por las ganas que tendría de desahogarse y llorar.
-No eres débil..
-Claro que lo soy, si fuera fuerte no te habrían echo esto -comenzó a maldecirse a sí mismo.
-No. Si fueras débil no te habrías enfrentado a ellos sabiendo que podrías acabar así. Los débiles son ellos, que no se enfrentan a las cosas solos, sino en grupo. Eso sí es de ser débiles –la voz se le ahogaba por el esfuerzo de tener que articular palabras sin apenas poder respirar.

Se miraron durante unos segundos, quizá horas.
Y en el instante en que se intentaban acercar poco a poco, una ambulancia apareció doblando la esquina.

Les separaron al momento, y antes de que él le hubiera soltado el brazo, la sonrió de tal manera que ella sentía que podría dominar el mundo.

estoy contigo..

Llueve, como desde hace una semana.
Gota. Paso. Gota. Paso. Y más gotas. Y más pasos.
Y aún sigo esperando en medio del puente a que por fin aparezcas, como prometiste.
La música retumba en mis oídos pero no escucho nada, solo silencio y siento a mi alrededor una tensión que puede cortarse.
¿Es que has olvidado que estoy esperando? ¿Lo que dijiste era mentira?
Una y otra vez estas preguntas aparecen en mi mente nublando poco a poco tu imagen de mi cabeza. No lo sé, y por lo tanto, sigo esperando a que vengas a llevarme a casa.
Es una noche fría.
Me paro a pensar qué es lo que he hecho hasta ahora, en qué ha consistido mi vida hasta este momento y este lugar donde me encuentro en este instante.
Un sitio desconocido, unas personas que no conozco me rodean por todos lados, pero ya no me asusto como al principio, ya no. Estoy acostumbrada ya a que me miren de forma extraña, normal, tres grados bajo cero, lloviendo a cántaros y ni siquiera busco un portal para resguardarme del aguacero; ni de coña, seguro que si me voy no me verás, te pensarás que no estoy esperando, y te irás por donde has venido. No, no me puedo arriesgar a eso; si cojo una pulmonía la cogeré teniendo presente que me puse enferma esperándote.

La gente camina a mi alrededor resguardándose del horrible temporal que azota la cuidad.
Doy vueltas de un lado a otro sobre mí misma, buscándote en cada persona que pasa, pero no logro encontrarte, y ya pasa más de una hora de cuando habíamos quedado.
¿Por qué nada irá bien? Todo es un desastre; mi vida es un desastre, el tiempo es horroroso y estoy sola en una cuidad desconocida. Sola, y no me gusta estar sola, a nadie le gusta estar solo.

¿Es que lo que me contaste era un cuento? ¿No sentías de verdad lo que decías?
La cantidad inmensa de preguntas que tengo en mi cabeza siguen sin respuesta, ninguna de ellas tiene contestación.

La confusión comienza a invadir mi mente y pienso en ti. En cómo te conocí, en cómo eres o, al menos, como creo yo que eres.
Es en ese momento cuando me doy cuenta de que, en realidad no te conozco, no sé nada de ti; no sé que piensas cuando me miras a la cara, ni que sientes cuando te ríes, ni sé que es lo que más deseas.
No sé quién eres, eres un completo desconocido, y he tardado más de un año en darme cuenta.

Quizás esté loca, quizás estoy delirando. Sí, por ti. Tú me haces delirar, tú me haces crecer aunque no lo creas.
Mientras el viento azota mi rostro, siento que me llevas a un lugar apartado, lejos, muy lejos de aquí, donde podría hacerte mil preguntas sin temer la respuesta.



De pronto, unos dedos fríos me agarran la mano suavemente, vuelvo la cara y ahí estás.
Me deslumbra la palidez de tu rostro, no te recordaba así, pero supongo que es la noche la que hace que tus facciones sean más duras.
Lentamente, entrelazo mis dedos con los tuyos y agarro tu mano con fuerza, para que no te vayas nunca, nunca más, pero te escapas, es como si no quisieras estar aquí.
De pronto y como si metieran un chip en mi cabeza, veo imágenes tuyas, de hace tan sólo veinte minutos.

Te veo.
Dejas a tus compañeros y te metes en el coche.
A continuación empiezas a conducir lentamente.
Hay mucho atasco por la lluvia. Miras el reloj una y otra vez y te maldices por que llegarás tarde.
Te enciendes un cigarro para tratar de calmarte.
Los coches se mueven de nuevo.
De repente, un destello de luz te ciega; abres la boca y dejas caer el pitillo encendido en el asiento entre tus piernas. No te da tiempo a moverte, estás paralizado por el miedo cuando otro coche derrapa y te lleva por delante.

Las lágrimas comienzan a caer sin descanso por mi rostro. No es que no quisieras venir, es que ni siquiera te había dado tiempo a doblar la esquina.

Un nudo en mi garganta me impide respirar. Siento mareos y al instante tengo ganas de vomitar.
Me arrodillo en el suelo mojado, escondiendo mi cara entre las manos, sollozando audiblemente.
La gente pasa a mi alrededor; se quedan mirando, pero nadie se para a ver que es lo que ocurre.

Grito desgarradoramente, entre las gotas de lluvia, mientras levanto la cabeza poco a poco, para que el agua caiga en mi cara y así intentar despejarme, aunque sé que es imposible.

-No quiero que estés así. Precisamente he venido a decirte que me alegro de haberte conocido, me alegro de que hayamos compartido juntos unos escasos momentos de tu vida, y las últimas horas de mi existencia.

Mis llantos se ahogan mientras veo tu figura arrodillada junto a mí en el suelo, mirándome a los ojos.
Posas tus manos obre mis rodillas y las acaricias suavemente; es débil, pero aún puedo sentir tu calor.

-No puedes hacerme esto, no puedes irte ahora. Tengo que preguntarte muchas cosas. Tengo que hacer muchas cosas contigo. Tengo una eternidad que contarte. No puedes irte todavía, si lo haces te odiaré hasta que me muera, te lo juro - dije rencorosa.
-¿Crees que yo querría irme? Claro que no, pero es lo que toca.
-No puedes hacerme esto, no te lo permito – le dije enfadada.
-Lo siento – se quedó pensativo - Lo que no entiendo es por qué significo tanto para ti, si apenas me conoces y yo no te conozco.
-No lo sé. Lo único que entiendo es que te necesito ahora. Si te vas me quedaré sola y no sabré que hacer.
-Claro que sabrás que hacer, ¡eres fuerte! – exclamó - Y, de todas maneras, no estarás sola. Yo estaré contigo, siempre. Cuando te sientas mal, cuando pienses que, como ahora, todo se ha acabado, mira a tu alrededor, que aunque no me veas, estaré, me sentirás contigo. Siempre.

Y se marchó sin decir adiós.


Lo único que sé es que es cierto.
No sé cómo, pero cuando estoy mal, una brisa de aire roza mi cara y susurra mi nombre, y en esa voz, puedo distinguir a esa persona que me robó los mejores momentos que he vivido.

Para Blanca <333

El sol asoma tímido por el horizonte cuando, con más de una hora de adelanto, me estoy desperezando en la cama con la colcha aún sobre mi delgado cuerpo. En realidad, podría estar en la acostada bastante rato más, pero me resulta imposible dormir, total, si me he pasado la noche en vela ya me da igual.
Me destapo y mientras restriego mis ojos con las manos me levanto lentamente, me dirijo al baño para tomar una ducha caliente que me relaje y me prepare para el duro día que me espera.

Camino por el pasillo con los ojos medio cerrados, completamente zombie por no haber dormido nada, pero al llegar a la cómoda que está al lado de la puerta del baño levanto mis párpados completamente, y no puedo evitar mirar esa foto nuestra que aún guardo con cariño, para tratar de recordarme que cualquier tiempo pasado fue mejor.
Me desvisto despacio y me meto en la ducha; abro el grifo del agua caliente y dejo que me empape el pelo completamente. A los 20 minutos salgo del baño con un albornoz tapando mi cuerpo, me dirijo al dormitorio de nuevo.
Ya vestida, vuelvo al baño y seco con una toalla mi pelo castaño con lentitud para pasarme el secador y evitarme un resfriado al salir a la calle.

-Joder, cuatro grados bajo cero, voy a tener que ponerme el traje para esquiar debajo de la ropa – despotrico mientras salgo del baño de nuevo.

Al abrir de nuevo el armario, me doy cuenta de que aún hay en él alguna de tus sudaderas. Con añoranza pero decidida cojo una percha roja, de la cual cuelga la sudadera negra que llevabas el día que te conocí. Sonrío con tristeza al recordar como te marchaste, así, de repente, tan de improviso lo hiciste que aún queda ropa tuya en mi casa.
Con tu chaqueta en la mano me siento en el borde de la cama y me pongo a pensar.
La verdad, no es que me sienta sola desde que te marchaste, es que directamente no siento nada. Todos esos miedos que tenía han vuelto a aparecer desde que no estás, y estoy cansada de no tener a nadie a quien contarle como me siento. Tengo amigas y amigos, claro que sí, pero no es el mismo sentimiento, el mismo amor que siento por ellos, la misma confianza, como la que sentía por ti.
Las heridas permanecen en mi corazón; el dolor que siento cuando te recuerdo es tan fuerte que me impide respirar, y lo peor de todo es que, aunque ha pasado mucho tiempo, nada en mi interior se ha curado.
Llevabas esa sudadera la primera y la única vez que te he visto llorar en mi vida, y yo sequé tus lágrimas como si con eso pudiera disminuir tu dolor. Cuando gritabas de rabia, yo hacía callar las voces de tu cabeza. Estuve contigo todo este tiempo, y aunque todo eso ya ha pasado, no puedo olvidarte, aún estás conmigo, tu presencia no me abandona, tu te llevaste todo de mi vida, te llevaste cualquier indicio que recordara la horrorosa existencia que había llevado hasta ese momento.
Cuando te vi, tus ojos relucían como dos luceros en la oscuridad de mi vida.
Aún de vez en cuando sueño con tu imagen; sueño que estás a mi lado y me llevas contigo, dondequiera que estés.


Mientras pienso he terminado de vestirme y salgo de casa hacia el lugar donde me esperas, al lugar donde permanecerás siempre, sin que nadie haya podido evitarlo.
Aún no hay nadie, estupendo, mejor, así podré hablar contigo una última vez.
Me siento sobre el frío muro de piedra que linda con tu lápida y miro al cielo, buscando la ayuda que necesito para comenzar a hablar contigo.

-No te imaginas las veces que he intentado decirme a mí misma, de todas las maneras posibles que nunca vas a volver, pero que quieres que yo le haga; cuando abro la puerta de casa aún espero que estés en la cocina preparando la cena, espero que estés ahí para abrazarme cuando me siento sola, cuando me siento mal, y no sabes lo difícil que es darme cuenta de que es imposible. No te imaginas lo mucho que lamento que, las últimas palabras que te dije fueran, “enano, te has dejado ropa en casa ¿Qué hago con ella?”. Tú bien sabes lo difícil que fue mi vida hasta el momento en que te conocí, sabes que estuve sola mucho tiempo, hasta que apareciste y me salvaste la vida. Aún te siento conmigo, sé que tu presencia jamás me va a abandonar, eso es lo que me mantiene viva, el saber que ahora estás, de otra manera, pero estás, y después de todo, cuando todo se acabe, cuando la luz se apague completamente en mi vida, cuando no pueda volver atrás, estaré contigo, volveremos a estar juntos, y me reconforta el saber que, como tu me prometiste un día, por mucho tiempo que pase, de una manera u otra, vas a estar conmigo.

La gente comienza a llenar el lugar. Me levanto lentamente mientras pienso en ti, y en esa promesa que me hiciste, de la cual no me olvidaré hasta que me vuelva a encontrar contigo, cosa que espero que tarde mucho en ocurrir, pero hasta que ese momento llegue, yo viviré por los dos.

lunes, 5 de enero de 2009

A la cuarta .. la vencida

-Me duelen los pies. Me duelen los pies. Me duelen los pies. ¿Os había dicho ya que…
-¡¡QUE TE DUELEN TUS PUTOS PIES!!- me gritaron antes de que pudiera acabar la frase.
-Eso.. ya os lo había dicho ¿no? =P.
-No, que va, es que somos adivinas – respondió sarcástica Lissa.
-Ya sabía yo que mis niñas eran listas, si es queeeee..
-Cállate Jess por favor te lo pido-suplicó Andrea.
-Es que me abuuuuurro y la maleta pesa-susurré pesarosa.
-Es que sólo a ti se te ocurre traer una maleta para un día , y eso que vives aquí..-dijo Lissa mientras nos indicaba que el semáforo estaba en verde.
-Es que no sabía que iba a necesitar-dije justificándome-además, con el pelo corto que llevo ahora, como lo tengo rizado, parezco una coliflor y me abulta la cabeza y no puedo permitir que me vean así.
-Joder, pero las planchas no ocupan tanto ¿no?- Andrea, me miraba con cara de “¿y de verdad eres la mayor de las tres? Pobre..”
-Es que no sólo llevo las planchas-comenté-también tengo ropa interior, y el champú, gel, maquillaje, mucha ropa y otras deportivas.
-Estás enferma-susurró Andrea.
-Oye! Eso es mío!-le reproché.
-Lo sé, por eso lo he dicho
-¬¬’ sabes que te odio ¿no?.
-Si Jess sí, lo que tu digas..

Lissa puso los ojos en blanco y mientras seguía andando hacia nuestro destino, un hotel “super chachi” (dios, me encanta esta expresión xDD) en pleno centro de la ciudad.

-Joder, ¿como han cambiado de nivel no?-exclamó Andrea nada más llegar a la acera de enfrente del magnífico hotel.

Era enorme, lógicamente, y, de todas las veces que había estado allí ya, estaba segura que esta sería la mejor, esta vez sería la que hiciera que volviera a creer en algo, esta vez todo saldría bien, al menos eso esperaba, por que joder, me había mirado un tuerto en los últimos dos años.
La verdad es que cuando Lissa llamó tres días antes de venir para acá y dijo que este sitio sería donde se hospedarían, no me gustó un pelo. Mi traicionera mente abrió compuertas en mi cabeza que yo creí que estaban cerradas y eso me deprimió bastante. Recuerdo que, mientras hablaba con la recepcionista del hotel cuando llamé para hacer la reserva, no pude evitar que lágrimas gruesas y silenciosas se deslizaran por mi rostro al recordar el tiempo pasado tan feo que pasé allí, pero también me acuerdo de que al segundo las sequé; no iba a permitir que, por que ellos fueran unos capullos y me lo hicieran pasar tan mal tantas veces, se me fuera esta oportunidad, por eso estaba allí, de nuevo, pero con las ideas y las esperanzas más claras que nunca, con una ilusión en el corazón que esperaba que no me destruyeran por cuarta vez.

-No. Ellos son buenos. Ellos no hacen esas cosas-susurré para mi misma-claro que los otros la primera vez también fueron buenos. Oh, Dios, soy una pesimista.
-¿Qué?-dijo Liss volteando la cabeza para mirarme.
-Nada nada, estaba pensando en alto.. solo eso-y desvié la mirada a la maleta que agarraba con la mano izquierda.
-¿Aún sigues pensando en eso?-preguntó Andrea mientras nos deteníamos ante el semáforo.
-No lo puedo evitar, encima estos se hospedan aquí también, ¿es que no hay más hoteles de lujo en toda la puñetera ciudad?-exclamé mirando la fachada que teníamos delante.
-Tienes que dejar de pensar en eso, esta vez será la mejor de todas, te lo prometo-dijo Lissa acariciándome el brazo.
-Ya, claro, igual que te prometí yo que iba a ver a los Jonastros para mandarte un autógrafo pero todo se fue a la mierda ¿no?-comencé a ponerme roja de rabia. Noté cómo se me llenaban los ojos de lágrimas.
“No. No voy a permitirme llorar ahora, después de todo, he demostrado ser fuerte” pensé.
-¡Joder Jess ya vale! No todo siempre sale mal, de hecho, ¿Qué pasó cuando viste a los capullos por primera vez?-inquirió Andrea.
-Fue el momento más feliz de mi vida hasta ese momento-contesté mirando al hotel de nuevo.
-¿Ves? Pues eso. Las primeras veces siempre son las buenas ¿o no Liss?-dijo mirándola.
-No nos podemos quejar ninguna. TODAS nuestras primeras veces en cuanto a estas fricadas siempre han sido geniales-se giró para mirarme-¿o no te acuerdas de lo que nos contó Andrea cuando fue a Manchester? Fue perfecto ¿por qué? Porque era la primera vez. Así que saca ánimo de donde quieras pero sácalo, y vamos para allá, que parecemos lerdas aquí media hora, se nos ha ido el semáforo tres veces.

Nos subimos las tres la cremallera de la cazadora y nos preparamos para cruzar.
¡Qué frío coño!-susurró Andrea.
Mientras nosotras dábamos lentos y decididos pasos hacia la puerta del hotel, una enorme furgoneta de color plateado se paraba en la esquina, en esa esquina donde dos años antes me había tirado al suelo a llorar desesperada.
“Genial, nos toca compartir hotel con los guiris del imserso, estupendo” pensé sarcástica.

Una voz gritando me despertó de mis maldiciones a los viejos que seguían metidos en la furgoneta.

-¡¡MIERDA!!

Al momento me di la vuelta y ví a Lissa luchando por sacar una de las ruedas de su maleta de una alcantarilla.

-¡Ayudarme jo!-suplicó con ojos de corderito.
-Espera voy. Andrea, ten mi maleta anda-dije mientras le alcanzaba el asa de esta y ella lo agarraba.

Me agaché para sacar la rueda de donde estaba atrapada mientras Lissa tiraba de la maleta para arriba pero daba igual, no salía.
Al fin desistimos las dos.

-Espera, tengo una idea. Voy a pedir a algún tío de los que van con los viejos de esa furgo que nos ayude a sacarla, esperar aquí-dije mientras me acercaba al enorme bicho con ruedas que trasladaba a los viejitos por toda la cuidad.
Pero no.
Dios no quiso que en la furgo esa viajaran los viejos.
Dios quiso que se me hiciera el culo pesicola antes de llegar siquiera a decir nada al conductor.
Dios quiso que me cayera al suelo al ver quien había en la furgoneta.

El mundo comenzó a dar vuelta más y más deprisa mientras yo me quedé pasmada mirando a mis seis personajes de Star Wars favoritos salir de aquel bicho enorme son cristales tintados.
Había olvidado para lo que había ido allí. No podía articular palabra. Mi garganta no emitía ningún sonido. Me quedé con la boca abierta, flipando como una niña cuando ve a Mikey Mouse en Disneyland.

-Oye, chica, ¿te encuentras bien?-preguntó uno de ellos-Juri, yo creo que a esta le ha dao un chungo o algo.
-Sí tío, está muy pálida-contestó el rubio.
-Lo mismo le ha dado una bajada de azúcar. Linke, ¿tienes un caramelo?
-¿Eh?
-Que si tienes un caramelo, un chicle o algo con azúcar para la chavala esta-dijo Frank mientras se quedaba mirando a las chicas-Juri agárrala y siéntala ahí, que esas parecen sus acompañantes-dijo mientras iba hacia ellas.

En mi inconsciencia sentada en el bordillo de la calle y bajo mis ojos nublados pude distinguir a los seis chicos. También fui consciente de la cara de Liss cuando Frank se acercó a ellas, pálida como el mármol, y seguro que estaba fría. Siempre se pone fría cuando está nerviosa.
Exactamente no sé que fue lo que les dijo, que, a continuación de blancas se tornaron de color rojo poco a poco.
Se acercaron las chicas acompañadas de Frank hacia donde me encontraba yo, con Juri y Timo abanicándome con un clinex.

-¿Pero que has hecho? ¿Qué te pasa? ¡Hay madre, que se nos muere!-dijo Andrea angustiada.
-Morirse no creo, está empezando a recuperar el color-dijo David tocándome la frente-y ya no está tan fría. ¿Hey, estás mejor?
-Yo no la tocaría demasiado-soltó Liss.
-¿Y eso por qué? ¿Tiene lepra, sida o algo?-preguntó Linke extrañado.
-Por que se ha puesto así al veros salir de la furgoneta-respondió Andrea.
-Anda coño-exclamó Jan como si de pronto todas sus conclusiones encajaran de golpe, oseasé que estáis aquí por..-comenzó.
-Vosotros, si-Lissa terminó la frase.
-Joder que mal rollo tío-susurró Timo.

Sus compañeros le miraron.

-¿Qué? no mola que a la gente le den bajones de tensión cuando estamos cerca.
-También es verdad-corroboró Juri.

Mientras conversaban, yo comencé a levantarme lentamente.
“Joder. No me puedo creer que me haya pasado a mí esto”.

-Churri, ¿estás en tus cabales?-preguntó Lissa.
-¿Eh? Ah, sí, más o menos.

Ya de pie les sonreí uno a uno.

-Gracias.
-Nada hombre, para eso estamos-dijo Jan.
-Bueno, ya que casi te mueres por nuestra culpa, ¿podemos hacer algo por vosotras?-dijo David.

Nos miramos las tres.

-Hombre, para ser sinceros..-comenzó Andrea.
-¿Qué?
-Sí que hay algo que podríais hacer pos nosotras-continuó Lissa.
-¿El qué? Haber que vais a pedir, que podemos negarnos ¿eh?-dijo Juri.
-Bah, no creo que os neguéis, no es para tanto-dije.
-Pero ¿el qué?-dijo Timo irritado.
-Fotos, videos, autógrafos, para recordar este momento toda la vida-contestó Andrea.
-Ya me dio miedo lo que ibais a decir. Joder, si sólo queréis eso, vamos a ello ¿no?-Jan, suspirando, sacoó un rotulador de la mochila.

Unos treinta minutos estuvimos hasta que acabamos las fotos y nos despedimos.

-Espero que nos veamos de nuevo, y que no te dé un chungo otra vez-dijo guiñándome el ojo Linke.

Soltamos una carcajada.
Inmediatamente, cogieron sus cosas y entraron en el hotel.

-Bueno, creo que lo mejor que podemos hacer ahora es cancelar la reserva de la habitación ¿no?-dijo Andrea viendo como desaparecían en el ascensor.
-Yo creo que sí-apoyó Lissa.

Y eso hicimos.

…….












Despierto sobresaltada y, cuando me recompongo, no puedo evitar echar una mirada a las cuatro paredes de mi dormitorio.
Creo que, al fin y al cabo, no todo es tan malo, que siempre hay un punto positivo en el que pensar, aunque te cueste recomponer las heridas de dentro, siempre, siempre pasa algo bueno que te ayuda a no decaer.
Y aunque mil veces te estrelles contra el mismo muro de piedra, llega un momento en que un rayo lo parte, aunque sólo sea una grieta, pero poco a poco, se irá haciendo más grande y, lo que antes parecía imposible, de repente está ahí, delante de tus narices, aunque no te quieras dar cuenta hasta el final.

Me doy la vuelta y, sonriente, vuelvo a quedarme dormida imaginando que todo aquello será realidad alguna vez.

Más de nada

Y ahora me paro y pienso en qué es lo que he hecho, en como he vivido durante estos años. Unos años en los que me esforcé como nunca para lograr cosas que creí imposibles, y en algunos momentos llegué lejos, pero al final todo cayó por su propio peso. Y tuve que caer otra vez y perder todo eso por lo que me había esforzado tanto para darme cuenta de que en realidad todo eso no importaba.; lo único que cuenta es lo que vives ahora, las personas que conoces en este momento, por que, al fin y al cabo, son ellas las que estarán siempre a tu lado. Y es que, cuanto más alto pongas el listón, cuanto más grandes son tus expectativas y tus esperanzas, más dura es la caída.
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Me siento bien. Me siento llena de paz. Ahora que al fin te marchaste, puedo presumir de volver a vivir tal y como yo siempre había soñado. Te prometí que siempre estaría contigo, te dije que jamás te iba a dejar, y no he cumplido mi promesa, lo sé, pero tú tampoco, tu también prometiste que, pasara lo que pasara siempre ibas a ser el mismo, dijiste que siempre estarías ahí, para todo, daría igual lo que pasara, y también faltaste a tu palabra. En el fondo somos bastante parecidos ¿no crees? Yo creo que sí, pero hay algo que nos diferencia; yo lamento haber faltado a mi promesa, lo siento tanto que no sé ni cómo explicártelo, sin embargo tú no, no parece que te importe el haberme dejado hecha trizas; tal vez si que lo sientes, pero nunca me lo has hecho saber de ninguna forma, así que, hasta que me saques de mi error, si es que realmente estoy equivocada, seguiré pensando que no te importo absolutamente nada.
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Cristal. Detrás de eso de escondías. Detrás de pesadas y relucientes puertas de cristal. Aún cuando paso por delante de esa puerta que me vio crecer, que me vio ilusionarme y al segundo gritar con voz desgarradora de rabia, lloro, y no te puedes imaginar el daño que me hace darme cuenta de que todo lo he hice no sirvió para nada. Me rompiste el corazón una y otra vez, y yo, estúpida de mí, seguía confiando en ti. Me tuviste a 1000 1000 kilómetros del suelo, flotando, colgada de una cuerda, una cuerda que sabías que se podía romper, lo sabías, aún así dejaste que todo siguiera su curso, no hiciste nada por mantenerme a tu lado. Cuanto de diste cuenta de que poco a poco me iba marchando, pediste perdón de todas las maneras posibles, teniendo conciencia de que no te serviría para nada, me dijiste que me necesitabas una y otra vez, te arrastraste de la misma manera de la que lo había hecho yo, y ¿sabes qué? por una vez sentí que estabas realmente en mi piel, que te habías percatado de todo lo que había pasado, de todo lo que habías dejado atrás. Y mientras yo me iba me di la vuelta, y te dije que ya no servía de nada, el daño ya estaba hecho, ya no podías cambiar lo que había sucedido, todo había pasado y no había vuelta atrás. Durante mucho tiempo estuve esperando que alguien, cualquier persona, viniera a rescatar el naufragio que habías causado en mi vida; por un momento pensé que siempre estaría sola, que nadie vendría a ayudarme a salir de todo el lío en el que me había metido por ti, pero que equivocaba. De repente apareció él, con sus perfectos ojos, su perfecta figura y sus promesas. En ese momento me di cuenta de que ya no estaría sola nunca más, él estaría conmigo. De repente, mi vida volvía a cobrar sentido, volvía a tener un motivo por el que vivir, él, su afecto y todos los momentos que esperaba que pasáramos juntos. Él sabía que era difícil que volviera a confiar, que sería complicado el entregar de nuevo todo a una persona, teniéndote a ti de precedente, pero nunca me abandonó; estuvo de mi lado siempre que le necesité, y eso para mí era algo más de lo que tú habías hecho; no me abandonó cuando más lo necesitaba; y sí, claro que lloré por él, y lo sabe, sabe que también me ha hecho daño, que también confié en él y me ha fallado, pero no puedo comparar todo lo que tú has hecho con lo que él me ha provocado; y sabe que tú has sido demasiado importante para mí como para borrarte de mi vida de un plumazo, pero siempre está, y no sé por qué, pero me da la sensación de que, a partir de ahora, creceré con él, y no me arrepiento, claro que no, por que al fin, vuelvo a tener la oportunidad que tú me robaste de tan trágica manera, vuelvo a tener la oportunidad de confiar en alguien.